La segunda vida de Elvira
Elvira, de cincuenta y dos años, lleva una vida perfecta. Un marido respetable, dos hijos en la universidad, un chalet con jardín y una agenda social impecable. Y los martes por la tarde, una vida completamente distinta.
Los martes va a clases de cerámica. O eso dice.
En realidad, los martes va a un estudio pequeño en el barrio de las Letras, donde la espera Gabriel, un escultor de cuarenta años con las manos siempre manchadas de barro y una forma de mirarla que la hace sentir como una obra de arte.
Se conocieron en una exposición. Él le pidió que posara para una escultura. Ella se rió y le dijo que no. Luego le dijo que sí.
La escultura nunca se terminó. Ninguno de los dos tiene prisa.
Cada martes, Elvira vuelve a casa a las nueve, con las manos limpias y una sonrisa que su marido atribuye a lo mucho que le relaja la cerámica. Él incluso le ha comprado un torno para el garaje. Ella le ha dado las gracias con un beso en la mejilla.
El torno sigue en su caja.
❦
¿Te ha gustado?
30 votos