Mensajes de un número desconocido
Empezó con un mensaje equivocado: «¿Sigue en pie lo de esta noche?». Marta, de treinta y ocho años, casada, respondió que se había equivocado de número.
«Perdona», escribió el desconocido. «Aunque, por la foto de perfil, casi me alegro del error».
Debería haberlo bloqueado. No lo hizo.
Durante semanas hablaron cada noche, cuando su marido ya dormía. Al principio de cosas inocentes: libros, series, viajes. Luego de cosas que Marta no le había contado nunca a nadie. Luego de cosas que solo se cuentan a oscuras.
Él se llamaba Bruno y vivía en la misma ciudad. Nunca le pidió verse. Fue ella quien lo propuso.
Quedaron en un hotel del centro, un jueves por la tarde. Ella llegó primero. Cuando llamaron a la puerta, estuvo a punto de no abrir.
Abrió.
Bruno era exactamente como lo había imaginado y, a la vez, completamente distinto. Se miraron un largo rato sin decir nada, como dos personas que ya se conocían y se veían por primera vez.
Marta nunca ha borrado aquella conversación. La guarda en un móvil viejo que esconde en el fondo de un cajón.
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