La casa de Formentera
Cinco amigos, una casa alquilada en Formentera y una semana de agosto. Entre ellos, Iris y Mario, que se conocían desde la universidad y llevaban diez años fingiendo que no se gustaban.
Los demás lo sabían. Todo el mundo lo sabía menos ellos.
El tercer día, los otros tres se fueron a una fiesta en Ibiza y no volvieron hasta el día siguiente. Iris y Mario se quedaron en la casa, solos, con la excusa de que estaban cansados.
Se bañaron en la piscina al atardecer. Cenaron en la terraza con los pies en el agua. Hablaron de todo menos de lo único importante.
A las dos de la mañana, con la casa a oscuras y el sonido de las chicharras, Iris le dijo:
—¿Vamos a seguir haciendo como que no?
Mario tardó en contestar. Luego se rió, de puro alivio.
—Diez años —dijo—. Diez años esperando a que lo dijeras tú.
Cuando los demás volvieron de Ibiza al día siguiente, los encontraron dormidos en la misma hamaca. Nadie dijo nada. Solo hubo aplausos.
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