El contrato
Lo escribieron a mano, en una hoja de papel, como un juego: un contrato. Bruno y Alicia, de treinta y siete y treinta y cuatro años, llevaban un año juntos y por fin se habían atrevido a explorar lo que los dos llevaban tiempo deseando.
Cláusula primera: Alicia acepta someterse a Bruno los sábados por la noche.
Cláusula segunda: Bruno se compromete a respetar en todo momento los límites de Alicia, que se detallan en el anexo.
Cláusula tercera: la palabra de seguridad es «naranja». Pronunciarla detiene todo de inmediato.
Cláusula cuarta: después de cada sesión, ambos hablarán de cómo se han sentido.
Cláusula quinta: este contrato puede ser cancelado por cualquiera de las partes en cualquier momento, sin explicaciones.
Lo firmaron con una copa de vino, riéndose de lo serio que les había quedado.
Los sábados se convirtieron en el día más esperado de la semana. Alicia descubrió una intensidad que no conocía. Bruno, una responsabilidad que lo hacía sentir más cerca de ella que nunca.
Seis meses después, añadieron una cláusula sexta: los miércoles cambian los papeles.
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