Horas extra
La auditoría duraba tres semanas y Lucas, el auditor externo, tenía la manía de trabajar hasta las diez de la noche. Y yo, como directora financiera, tenía que quedarme con él.
Los primeros días fueron puramente profesionales. Hojas de cálculo, facturas, café de máquina. Pero las oficinas vacías por la noche tienen algo que lo cambia todo. El silencio. Las luces bajas. La ciudad iluminada al otro lado de la ventana.
Él llevaba alianza. Yo también.
La noche del viernes de la segunda semana, encontramos un error en las cuentas que nos hizo reír a carcajadas, de puro agotamiento. Nos reímos tanto que acabamos muy cerca, demasiado cerca, en el sofá de mi despacho.
—Esto no está en el plan de auditoría —dijo él.
—Considéralo una revisión extraordinaria —respondí.
La auditoría terminó una semana después con un informe impecable. Lucas se fue a otra empresa, a otra ciudad. Pero a veces, cuando me quedo trabajando hasta tarde y veo las luces de la ciudad desde mi ventana, me acuerdo de aquellas horas extra.
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