Treinta años después
Se conocieron en el servicio militar, a los veintiún años. Fueron inseparables durante un año. Luego, cada uno volvió a su ciudad, se casó con una mujer, tuvo hijos y vivió la vida que se suponía que tenía que vivir.
Treinta años después, en una reunión de antiguos compañeros, Joaquín y Ramón volvieron a encontrarse. Los dos tenían cincuenta y un años. Los dos estaban divorciados.
Se reconocieron al instante, desde lados opuestos del salón.
Pasaron la cena hablando como si no hubiera pasado el tiempo. De sus hijos, de sus trabajos, de sus matrimonios que no funcionaron. Y al final, en la terraza del restaurante, de aquel año.
—Nunca te olvidé —dijo Ramón.
—Yo tampoco —respondió Joaquín—. Pero entonces no podíamos.
—¿Y ahora?
Joaquín miró las luces de la ciudad. Luego lo miró a él.
—Ahora tenemos cincuenta y un años —dijo—. Ya no le debemos explicaciones a nadie.
Esa noche recuperaron treinta años de una vez. Ahora viven juntos en una casa con jardín en las afueras. Sus hijos fueron los primeros en alegrarse.
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