El turista
Paco, de cuarenta y cinco años, era guía turístico en Granada. Llevaba veinte años enseñando la Alhambra a miles de turistas y nunca le había pasado nada parecido.
Hasta que llegó Lukas.
Alemán, cuarenta y un años, arquitecto, con unos ojos azules que no dejaban de mirar a Paco en lugar de a los palacios nazaríes. Al final de la visita, se le acercó.
—Ha sido la mejor visita de mi vida —le dijo en un español con mucho acento—. Pero no he visto nada de la Alhambra.
—¿Y eso? —preguntó Paco, sonriendo.
—Porque no podía dejar de mirarte.
Paco se rió. Le dijo que esa noche había una visita nocturna a los jardines. Que si quería, podía repetir.
Lukas repitió. Al terminar la visita nocturna, Paco lo llevó al mirador de San Nicolás, desde donde la Alhambra iluminada parece flotar sobre la ciudad.
—Ahora mírala —le dijo.
Lukas la miró. Luego miró a Paco.
—Prefiero la vista de antes —respondió.
Lukas se quedó en Granada una semana más. Ahora viene cada primavera.
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