Cambio de papeles
Durante cinco años de relación, Diego siempre había llevado la voz cantante en la cama. Laura, de treinta y tres, lo seguía encantada. Hasta que un día, viendo una película, ella le hizo una pregunta que lo descolocó.
—¿Nunca has querido que mande yo?
Diego se quedó callado mucho rato.
—Sí —admitió al final—. Pero me daba vergüenza decirlo.
Esa misma noche probaron. Laura estaba nerviosa; nunca había hecho algo así. Diego también. Hablaron mucho antes: qué sí, qué no, cómo parar.
Al principio fue torpe. Laura no sabía qué decir, qué pedir, cómo moverse. Se reían. Luego, poco a poco, encontró su propia voz. Una voz firme, segura, que no sabía que tenía.
—Quédate quieto —le dijo.
Y Diego se quedó quieto.
Fue una noche reveladora para los dos. Laura descubrió que le encantaba tener el control. Diego, que le encantaba perderlo.
Ahora se turnan. Una semana manda él, otra semana manda ella. Dicen que su relación nunca ha estado tan equilibrada.
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