Volver a empezar
Llevaban dos años separados cuando Carmen y Rubén se encontraron por casualidad en la boda de un amigo común. Ella tenía cuarenta y un años, él cuarenta y tres, y los dos habían pasado por suficientes citas fallidas como para echar de menos lo que tenían.
Bailaron una canción. Luego otra. En la tercera, ella apoyó la cabeza en su hombro como hacía antes, y él le acarició la espalda como si no hubiera pasado el tiempo.
—Esto es una mala idea —dijo Carmen.
—Malísima —respondió Rubén, sin soltarla.
Se escaparon antes de la tarta. En la habitación del hotel, se desnudaron con una mezcla rara de familiaridad y novedad: conocían cada lunar del otro, pero era como si los estuvieran viendo por primera vez.
Por la mañana, desayunaron juntos en la terraza sin hablar de lo que había pasado. Solo al despedirse, Rubén le preguntó si quería cenar con él el viernes.
—Como una primera cita —precisó—. Empezar de cero.
Carmen dijo que sí. Esta vez lo harían mejor.
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