El intercambio
Llevaban meses hablándolo. Primero como fantasía, luego como posibilidad, luego como plan. Sandra y Carlos, cuarenta años los dos, casados desde hacía diez, querían probar con otra pareja.
Se conocieron con Eva y Martín en una aplicación para parejas. Quedaron a cenar cuatro veces antes de hacer nada. Hablaron de todo: de límites, de celos, de lo que querían y lo que no.
—Lo más importante —dijo Eva en la tercera cena— es que al final de la noche cada uno vuelva a casa con su pareja. Más unidos que antes.
La quinta cita fue en casa de Eva y Martín. Una casa preciosa a las afueras, con piscina y velas por todas partes. Al principio estaban todos nerviosos. Luego, el vino y las risas hicieron su trabajo.
En algún momento de la noche, Sandra se dio cuenta de que estaba mirando a Carlos. Y de que él la estaba mirando a ella. Y de que, en medio de todo, seguían siendo ellos dos.
Volvieron a casa a las cinco de la mañana, en silencio, cogidos de la mano en el coche.
—¿Estás bien? —preguntó él.
—Estoy enamorada de ti —respondió ella—. Más que nunca.
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