El cumpleaños de Marcos
Para su cuarenta cumpleaños, Lorena le preguntó a Marcos qué quería de regalo. Él se rió y dijo lo de siempre: «Nada, cariño, con que estemos juntos me basta».
Pero ella lo conocía bien. Y conocía la fantasía que él le había confesado una noche, años atrás, medio dormido.
Tardó semanas en organizarlo. Habló con Diana, una compañera del gimnasio con la que había coqueteado más de una vez, divorciada, abierta, de treinta y ocho años. Le explicó la idea. Diana se rió, se lo pensó dos días y dijo que sí.
La noche del cumpleaños, Lorena le vendó los ojos a Marcos y le llevó al salón.
—Tu regalo —le dijo al oído—. Pero solo si tú quieres. Si no, nos tomamos una copa los tres y ya está.
Le quitó la venda. Marcos vio a Diana sentada en el sofá con una copa de vino y se quedó sin palabras.
—¿Estás segura? —le preguntó a Lorena, en voz baja.
—Llevo semanas pensándolo —respondió ella—. Estoy segura.
Marcos dijo que fue el mejor cumpleaños de su vida. Lorena dice que el suyo es en marzo, y que ya tiene ideas.
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