El camarero de la boda
Elena y Javi se casaron en una finca de Toledo. Fue una boda preciosa, con doscientos invitados, barra libre y un camarero llamado Bruno que no dejó de mirarlos a los dos en toda la noche.
A los dos.
Javi se dio cuenta primero. Se lo dijo a Elena en voz baja durante el baile. Ella se rió, miró a Bruno, y Bruno le guiñó un ojo.
—Es guapísimo —dijo ella.
—Lo es —admitió Javi, que nunca había dicho algo así de otro hombre en voz alta.
A las cuatro de la mañana, cuando se fueron los últimos invitados, Bruno se acercó a felicitarlos con una botella de champán que había sobrado.
—Para la noche de bodas —dijo.
—¿Te apetece compartirla? —preguntó Elena. Y luego miró a Javi, que asintió.
Hablaron antes. Mucho. En la terraza de la suite, con el champán. Sobre lo que cada uno quería. Sobre que era su noche y que podía ser solo eso, una copa y una charla, si alguno lo prefería.
No fue solo una copa.
Javi y Elena llevan tres años casados. Dicen que su noche de bodas fue la mejor que podrían haber imaginado.
❦
¿Te ha gustado?
191 votos