Bajo la misma manta
La calefacción se estropeó en pleno enero, y el técnico no podía ir hasta el lunes. Así que Noelia y Pedro sacaron todas las mantas de casa, encendieron velas y se hicieron un nido en el sofá.
Al principio era incómodo. Hacía frío, no había nada en la tele y los dos estaban de mal humor. Pero las velas daban una luz bonita, y el vino ayudaba, y debajo de cuatro mantas el calor del otro se notaba más que nunca.
—¿Te acuerdas de nuestro primer invierno? —preguntó ella—. En el piso de estudiantes, sin calefacción tampoco.
—Me acuerdo de que no salíamos de la cama —dijo él.
—Por el frío.
—Claro. Por el frío.
Pedro le metió las manos heladas por debajo del jersey y ella soltó un grito. Él se rió y no las sacó. Ella dejó de quejarse.
Cuando el técnico llegó el lunes y arregló la caldera, los dos se miraron con cierta pena. Aquel fin de semana sin calefacción había sido el más caliente en años.
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