Fantaseo con mi exmarido
Llevamos cinco años divorciados. La separación fue amistosa, compartimos la custodia de nuestros hijos y nos llevamos bien. Y confieso que, a veces, fantaseo con él.
No quiero volver. Lo nuestro no funcionaba. Pero en la cama, sí. En la cama funcionaba de maravilla.
La semana pasada vino a recoger a los niños y se quedó a tomar un café mientras ellos terminaban de hacer la mochila. Hablamos de cosas normales. El colegio, el trabajo, sus nuevas gafas.
Y entonces me tocó el brazo al despedirse, como siempre. Pero esta vez sentí un escalofrío que me recorrió entera.
Él lo notó. Lo vi en sus ojos.
No pasó nada. Los niños bajaron, se los llevó y yo me quedé sola en la cocina con el corazón a mil.
Esa noche me escribió: «Hoy ha pasado algo raro, ¿no?».
Le respondí: «Sí».
Él: «¿Lo hablamos?».
Yo: «No sé si hablarlo es buena idea».
Él: «¿Y hacerlo?».
No le he respondido todavía. Los niños se van con él este fin de semana. Y yo tengo la casa sola.
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