Cumplir setenta
El día que Juan cumplió setenta años, su mujer, Amparo, de sesenta y ocho, le preparó una sorpresa: un fin de semana en el mismo hotel de Benidorm donde pasaron la luna de miel, en 1976.
El hotel había cambiado. Benidorm había cambiado. Ellos habían cambiado.
Pero la habitación con vistas al mar seguía allí. Y cuando Amparo abrió la puerta del balcón y el olor a sal entró en la habitación, Juan tuvo cuarenta y cinco años menos durante un segundo.
—¿Te acuerdas? —preguntó ella.
—De todo —respondió él.
Bajaron a la playa al atardecer, cogidos de la mano, despacio. Cenaron paella en un chiringuito. Bailaron un pasodoble en la terraza del hotel, bajo las estrellas, mientras unos turistas jóvenes los miraban con envidia.
Esa noche, en la habitación, se desnudaron con la luz apagada, riéndose de sus cuerpos de setenta años, de las cicatrices, de las arrugas.
—Sigues siendo la mujer más guapa que he visto nunca —le dijo él.
—Y tú sigues siendo un mentiroso —respondió ella.
Pero lo besó igual. Como en 1976.
❦
¿Te ha gustado?
120 votos