Bajo la lluvia
Se refugiaron bajo el mismo toldo cuando empezó a diluviar en la Gran Vía. Ella, Carmen, de cuarenta años, con un vestido de verano que no estaba preparado para la lluvia. Él, Alberto, de cuarenta y tres, sin paraguas y con un ramo de flores empapado.
—¿Para tu novia? —preguntó ella, señalando las flores.
—Para mi madre —respondió él—. Es su cumpleaños.
Se rieron. Siguió lloviendo. Siguieron hablando. Media hora después, la lluvia no paraba y ellos ya sabían el uno del otro más que muchos amigos.
—Tengo que irme —dijo él, mirando el reloj—. Mi madre me espera.
—Claro.
Alberto dudó. Sacó una flor del ramo y se la dio.
—Mi madre no las va a echar de menos —dijo—. ¿Me das tu número?
Se lo dio. Él salió corriendo bajo la lluvia.
Esa noche le escribió: «Mi madre dice que por qué faltaba una flor. Le he dicho que la tiene la mujer con la que me voy a casar».
Carmen se rió. Le pareció un exagerado.
Se casaron dos años después. Llovió durante toda la boda.
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