Nuestro aniversario
Veinticinco años de casados. Bodas de plata. Sus hijos les habían organizado una fiesta enorme con toda la familia, y Mercedes y Luis, de cincuenta y cinco y cincuenta y ocho años, sonrieron, bailaron y soplaron velas durante horas.
Pero lo que de verdad querían era estar solos.
A medianoche, cuando se fue el último invitado, Luis le cogió la mano a Mercedes y la llevó al jardín. Había colgado luces en el limonero, el mismo que plantaron el año que se casaron.
—Tengo un regalo —dijo, sacando un sobre.
Dentro había veinticinco notas. Una por cada año. En cada una, un recuerdo: la primera casa, el primer hijo, aquel verano en Portugal, la noche que se quedaron encerrados en el ascensor.
Mercedes las leyó todas bajo el limonero, llorando y riendo a la vez.
—Yo no te he preparado nada —dijo, avergonzada.
—Sí que lo has hecho —respondió él—. Veinticinco años.
Esa noche hicieron el amor como la primera vez. Con nervios, con torpeza, con muchísimas ganas. Al terminar, Mercedes le dijo que la próxima nota tendría que hablar de esa noche.
Luis sonrió. Ya la estaba escribiendo en su cabeza.
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