Tres en la cabaña
La cabaña del lago era de Aitor, que invitó a su novia, Irene, y a su mejor amigo, Unai, a pasar el puente de diciembre. Tres días, nieve, chimenea y juegos de mesa.
El segundo día, la nieve los dejó aislados. Sin cobertura, sin internet, sin televisión. Solo ellos tres, el fuego y una botella de orujo.
Jugaron a verdad o reto. Las verdades fueron subiendo de tono. Los retos también.
—Verdad —dijo Irene cuando le tocó a ella.
—¿Alguna vez has pensado en Unai… de esa forma? —preguntó Aitor, sonriendo.
Irene se puso roja. Unai también. Aitor se rió.
—Yo sí —dijo Aitor—. He pensado en los tres. Juntos.
El silencio que siguió fue el más largo de la noche.
Hablaron hasta tarde. Con calma, con honestidad. De lo que significaría, de lo que podría salir mal, de lo que podría salir muy bien.
La nieve tardó dos días más en derretirse. Cuando por fin pudieron volver a la ciudad, ninguno de los tres tenía prisa por marcharse.
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