La despedida de soltera
La despedida de soltera de Nuria iba a ser tranquila: una casa rural, sus dos mejores amigas, Lola y Beatriz, y mucho vino. Nada de strippers, nada de disfraces. Así lo había pedido la novia.
La segunda noche, en el jacuzzi de la casa, con las estrellas encima y el vino haciendo efecto, empezaron las confesiones.
Lola confesó que siempre había tenido curiosidad por estar con una mujer. Beatriz confesó que ella ya lo había hecho, en Erasmus. Nuria confesó que se iba a casar en dos semanas y que nunca había hecho nada fuera de lo normal.
—Nunca jamás —dijo Beatriz, levantando la copa—. Esta es tu última oportunidad de hacer algo que nunca has hecho.
Las tres se miraron. Se rieron. Luego dejaron de reírse.
—Solo si las tres queremos —dijo Nuria—. Y esto no sale de aquí. Nunca.
Las tres juraron.
Lo que pasó en aquel jacuzzi no ha salido de allí. Nuria se casó dos semanas después, feliz y radiante. Lola y Beatriz fueron sus damas de honor. Y en el banquete, cuando las tres brindaron, sabían exactamente por qué brindaban.
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