La lista de cosas pendientes
Después de quince años de matrimonio, Silvia, de cuarenta y seis, le propuso a Jorge algo inesperado: escribir cada uno, por separado, una lista de cosas que nunca se habían atrevido a pedir.
—Sin juzgar —dijo ella—. Y luego las comparamos.
Jorge tardó tres días en entregar la suya. La dobló cuatro veces, como si fuera un documento secreto. Silvia la desplegó en la mesa de la cocina con el corazón acelerado.
Para su sorpresa, la mitad de las cosas coincidían con las de su propia lista.
—¿Llevamos quince años queriendo lo mismo sin decírnoslo? —preguntó ella, entre la risa y la incredulidad.
—Eso parece —respondió él, cogiendo un bolígrafo—. ¿Por cuál empezamos?
Decidieron hacer una cada viernes. La lista tenía catorce puntos, así que tenían por delante casi cuatro meses de viernes muy interesantes. En el tercero, Silvia ya estaba pensando en escribir una segunda lista.
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